¿Los Nativos Digitales son parte de un mito?
Con apenas 4 años era capaz de desbloquear la pantalla de la tablet, con 8 se abrió su propio perfil de Facebook y con 12 tu hijo ya gestiona una cuenta de Instagram con cientos de seguidores. Vives con miedo a que aprenda a editar vídeos y, claro, te comunique su intención de ser youtuber. En la era digital se ha impuesto la idea de que existen 'nativos' de la tecnología, lo que hace zozobrar a los ‘inmigrantes’ atenazados por el miedo a la pérdida de control. Y especialmente cuando les toca ejercer de padres. Pero un libro viene a darles consuelo: en sus páginas se cuenta que la inestabilidad es solo aparente, que nadie nace aprendido y que quizá puedas enseñarle a tus descendientes más de lo que imaginas. De hecho, debes hacerlo, a riesgo de crear huérfanos digitales.
La idea de "Los Nativos Digitales no existen" le sobrevino a Susana Lluna, madre de dos hijos, cuando acudió a dar una charla sobre las nuevas tecnologías hace cerca de un año. "Eran unas jornadas sobre la relación entre los adolescentes y la tecnología a cargo de cinco profesionales relacionadas con Internet", recuerda. "Lo que más me impactó fue la pregunta de una madre al final de las charlas, que dijo que todo lo que habíamos explicado estaba muy bien, pero que ella tenía una hija de 17 años a la que no conseguía despegar del celular. Le pregunté si sabía qué hacía su hija con el teléfono, qué redes tenia y si ella estaba en esas redes. Su desconocimiento era absoluto y su rechazo, también", relata.
Fue entonces cuando se dio de bruces con la realidad: los padres están muy solos en el camino digital. A partir de entonces decidió que era necesario "concienciar, despertarles y decirles que sus hijos no dominan la tecnología, que son más bien patosos digitales y que es un error pensar que saben sacarle provecho".
Se propuso entonces desmontar estereotipos sobre el manejo digital. El primero de ellos, la propia existencia de los 'nativos'. "El propio Marc Prensky, quien fue el primero en utilizar la expresión, ha terminado por renegar de ella ya que se ha convertido en una especie de comodín", argumenta. Sí, son razonablemente hábiles usando las redes sociales como Snapchat o Instagram, y no tienen ningún problema a la hora de buscar vídeos en YouTube o Whatsapp. "Pero sácalos de ahí te encontrarás con serios problemas"", apunta.
Ahora es cuando alguien dice, "pero es que saben desbloquear la pantalla del iPad al minuto". Lluna es tajante al respecto: "En Internet hay vídeos de monos que manejan dispositivos con pantallas táctiles. ¿Esto les hace nativos digitales?. A continuación, un repertorio de tópicos que vale la pena ir abandonando en pos de prácticas saludables.
1) Hay una brecha digital entre padres e hijos
"Más que una brecha digital es una brecha de actitud por parte de algunos –demasiados– padres que creen que esto de las mal llamadas nuevas tecnologías no va con ellos", explica Lluna. Si los pequeños las utilizan a diario, conviene que los padres también lo hagan y los acompañen en su propia experiencia. Lo contrario suena a "ejercicio de irresponsabilidad".
2) Los niños no deberían tener celulares
Los celulares están aquí y no se van a marchar. "Negar a nuestros hijos su uso es negarles la posibilidad de formarse en el uso de una herramienta con la que van a convivir sí o sí y que tarde o temprano comenzarán a usar", argumenta la experta. En este sentido insiste en la necesidad de que lo hagan de nuestra mano y no 'a escondidas' con un amigo o cuando les regalen uno, situación que a veces se produce sin el permiso de los progenitores.
Luego está el debate de la edad. ¿Cuándo conviene darles su primer móvil? En este caso, no hay reglas fijas. "Todo depende del grado de madurez del niño", opina Susana. Quién mejor que su padre y su madre para valorarlo. "Si hemos acompañado a nuestros hijos desde que son pequeños mediante una navegación conjunta, lo más probable es que pronto estén preparados para utilizar un móvil de manera provechosa y responsable", considera ella.
3) Whatsapp perjudica la comunicación
Los adolescentes necesitan sentirse parte del grupo, lo que conocemos como sentimiento de pertenencia. Lo que antes hacían sentados en un banco de un parque, ahora lo hacen con Whatsapp desde el sofá. Lluna resta dramatismo a este sistema de comunicación constante. "Bien distinto es que no les eduquemos en el uso responsable de la mensajería, para que sepan que no elimina la comunicación en persona, sino que es un vehículo que la potencia", añade. Por tanto, Whatsapp sí, pero con sentido común.
4) No leen porque prefieren ver vídeos en Youtube
¿Y qué hay de malo en ver vídeos de Youtube? "Más allá de los youtubers que se dedican al ocio y al entretenimiento, hay otros que hacen reseñas de discos, películas o de libros, por poner solamente algunos ejemplos", dice la autora, quien considera que el niño lector no va a dejar de hacerlo "ni por Youtube ni por otro recurso de la red". Muy al contrario, señala la existencia de contenidos online que pueden motivarles en este y otros hábitos.
Juan García dice en un capítulo del libro: «Hablar con los niños de lo que hacen en Internet. Animar a los niños a explorar y aprender cosas por su cuenta en la red. Permanecer cerca cuando los niños usan Internet". De hecho, según los últimos estudios, sólo el 40% de los chicos de entre 13 y 16 años hacen actividades conjuntas con sus padres en la red. Y el porcentaje desciende al 30% en el caso de las chicas.
5) Hace falta una asignatura en el colegio
Las aulas deben incorporar las nuevas tecnologías, desde luego, ¿pero basta con soltar unas cuantas computadoras, tabletas y pizarras digitales en ellas? "Nosotros defendemos que no debe haber clase de informática, sino que las nuevas tecnologías se han de integrar en el currículum como una herramienta transversal", asegura la autora. Es una opinión compartida por las últimas directrices europeas. Como dice Anna Blázquez, otra de las autoras del libro, «educar en una sociedad digital, no significa introducir un iPad, una pizarra digital o un portátil en el aula y quedarnos con el modelo antiguo de enseñanza-aprendizaje».
6) Se deben limitar las horas de Internet
"¿Y las horas que pasan leyendo?", se pregunta Susana Lluna. "Sí, claro, no pueden estar todo el día en Internet. Igual que no pueden estar todo el día jugando con la videoconsola –o en la calle, ojo– o todo el día viendo la tele", argumenta. En cualquier caso, apuesta por marcar pautas de manera gradual y se muestra totalmente contraria al castigo. "Esa es una fórmula segura para que la próxima vez nuestro hijo o hija no acuda a nosotros", precisa.
7) ¿Y les pedimos las contraseñas de sus redes?
Es recomendable... pero cuando empiezan. Además resulta esencial el siguiente matiz: siempre pactándolo con ellos. "Es una manera de que podamos estar un poco más al tanto", explica Lluna, quien también considera un recurso interesante que nos agreguen a esas redes "para poder echar un ojo de vez en cuando". Lo que JAMÁS se debe hacer es reñirles en público. "Eso se hace en casa y a la cara", especifica.
¿Estamos entonces hablando de herramientas de control parental? "Nosotros nunca usamos la palabra de redes controladas; siempre decimos que lo que hemos de hacer los padres es abrir perfiles en estas para que, por lo menos, nos suenen", explica. "El objetivo es que cuando nuestros hijos nos cuenten algo de un youtuber o de un viner sepamos de qué nos están hablando", concluye, en un mensaje empedernido contra la demonización de Internet.
¿Por qué se usa 192.168.1.1 para acceder al router?
Existen cosas en el mundo de la tecnología que hemos aceptado que son así sin intentar buscar una explicación, pero que de la noche a la mañana empezamos a preguntarnos por su origen. Una de las cosas más estandarizadas es utilizar 192.168.1.1 como forma de acceder al router. ¿Tiene esto alguna explicación o razón de ser? Lo cierto es que podemos dar algunas pistas sobre el uso de esta dirección IP como forma de entrar en nuestro router doméstico.
Si alguna vez has tenido que configurar el router, sabrás que todo pasa por escribir la combinación de números 192.168.1.1 en la barra del navegador y pulsar enter. Es cierto que existen modelos configurados para hacerlo en la dirección 192.168.0.1 o 192.168.2.1, pero la primera de todas es la más común. Estos números forman una dirección IP Clase C y los fabricantes han acordado su uso.
Todo se remonta al año 1996 cuando la Internet Engineering Task Force (IETF) tuvo que determinar el rango de direcciones IPv4 para uso interno. Estas son las direcciones a las que sólo se puede acceder desde dentro de la red local y no son públicas, con lo que no se puede acceder desde el exterior.
Como sabemos, cada web, router u ordenador tiene una dirección IP que les identifica cuando “salen” a Internet. En la red interna de nuestra casa, es el router el que se encarga de asignar estas direcciones, bien de forma automática con una función llamada DHCP o bien de forma manual según lo hayamos configurado. De hecho, existe un rango de direcciones IP reservadas para el uso doméstico tal y como se ha explicado.
Los rangos reservados son los siguientes:
- Clase A: 10.0.0.0 to 10.255.255.255
- Clase B: 172.16.0.0 to 172.31.255.255
- Clase C: 192.168.0.0 to 192.168.255.255
Se usa una dirección de clase con el rango 192.168.x.x al tener direccionamiento privado no enrutable. El uso de la dirección 192.168.1.1 tiene que ver con el acuerdo tácito entre fabricantes para su uso, pero daría igual usar 0 que 250.
La dirección IP 192.168.1.1 se utiliza porque ese 1 es la primera dirección de host de la subred, teniendo en cuenta que usa máscara 255.255.255.0. Como hemos dicho al principio del artículo, existen fabricantes que optan por asignar 192.168.0.1 o 192.168.2.1 como puerta de entrada al router.
Los routers están configurados para “descartar el tráfico dirigido a las direcciones privadas, lo cual hace que los equipos de la red privada estén aislados de las máquinas conectadas a Internet”. De esta forma, se consigue una medida básica de seguridad no siendo posible realizar conexiones a las máquinas de la red privada directamente desde Internet.
Esa es la razón que permite a diferentes router tener la misma dirección IP y asignar la misma dirección IP a las máquinas ubicadas dentro de su red. Es decir, ahora mismo mi computadora y la tuya pueden tener la misma IP, al menos los mismos “números”, pero esto no quiere decir que estén en la misma red ni puedan conectarse entre sí.
El aislamiento de este rango de direcciones evita que una comunicación de un tercero llegue a un equipo de otra red que esté utilizando la misma dirección IP. Para que un equipo de una red privada pueda comunicarse con otro dispositivo de otra red privada, es necesario que cada red tenga una puerta de enlace con una dirección IP pública.
El número de IP reservadas de clase C para el entorno doméstico es de 65.534 mientras que la clase A tiene 16.777.214 y la red B 1.048.574. En el caso de IPv6, el siguiente protocolo que se utilizará para acabar con problema de la escasez de direcciones IP, el rango fc00::/7 está reservado para las redes locales con un total de 18.446.744.073.709.551.616 direcciones en la subred.
El creador de las Redes Neuronales advierte que la Inteligencia Artificial nos superará en todo, pero no hay nada que temer
Cuando era un adolescente, al alemán Jürgen Schmidhuber le encantaban los libros de ciencia ficción que tomaba prestados en
la biblioteca. Quería ser físico como su héroe, Albert Einstein, pero el objetivo que se marcó ya entonces le llevó por
otros derroteros. “Siempre he querido construir una inteligencia de propósito general que llegara a ser más inteligente que
yo mismo”.
Una de sus aportaciones fundamentales fue el desarrollo de las primeras redes neuronales artificiales recurrentes,
apellidadas LSTM (Long Short-Term Memory, algo así como memoria de corto-largo plazo), si bien las limitaciones de las
computadoras en los 90 hacían que entonces solo “unas pocas personas estuvieran interesadas en ellas”. Sin embargo, ahora
todos llevamos sistemas basados en los fundamentos de Schmidhuber en el bolsillo.
Google utiliza ya las redes neuronales LSTM en su sistema de reconocimiento de voz —gracias a ellas, redujo el año pasado
los errores en las transcripciones en un 49 %—, en Translate o en su servicio de mensajería aderezado con inteligencia
artificial Allo. Apple también las utiliza ya para que Siri nos reconozca mejor.
“Creo que dentro de no muchas décadas, por primera vez, tendremos inteligencias artificiales que sean mejores resolviendo
problemas generales que los humanos”. No solo nos ganarán una partida de Go, sino en cada aspecto de nuestras vidas. “Habrá
diferentes tipos de inteligencias artificiales emergiendo todo el tiempo y otras desapareciendo, como hemos visto en el
campo más lento de la evolución biológica”, defiende Schmidhuber.
“La mayoría de gente que está alertando sobre los peligros de la inteligencia artificial no son realmente expertos en
inteligencia artificial; son filósofos, son físicos, son emprendedores”, critica Schmidhuber. “Cuando los conozco, intento
calmar sus temores”. Al fin y al cabo, destaca, para acabar con la humanidad ya está la bomba de hidrógeno. Por su parte,
la mayoría de aplicaciones de las redes neuronales solo intentan hacernos “más felices, más sanos y más adictos al
smartphone”.
A juicio de Schmidhuber, Matrix es una “estúpida película de ciencia ficción”. “Si eres una inteligencia artificial y
puedes construir robots mucho más inteligentes y trabajadores mejores, no vas a usar a humanos como esclavos”. A su juicio,
cuando las inteligencias artificiales sean comparables a un animal y, años después, a una persona —“la evolución
tecnológica es mucho más fácil que la biológica”—, simplemente nos ignorarán.
Que los robots conquistarán el universo no es la única predicción chocante del ideólogo de las redes neuronales LSTM que
han acabado en tu celular. Este pionero lleva defendiendo desde los 90 que un “Gran Programador” podría haber creado un
software “muy simple” que “podría ejecutar el universo entero”.
“Estoy sugiriendo que ahora mismo cada palabra de la conversación que estamos teniendo por teléfono, cada detalle de las
ondas de audio que escuchas, cada pensamiento en tu cerebro, es parte de un gran programa computando el universo entero. Y
no solo el universo, sino muchos universos que tienen reglas diferentes”, detalla.
De todos modos, a juicio de este reconocido pionero de las redes neuronales, ni Google ni Facebook serán relevantes en un
futuro. “Solo son empresas y lo que estamos viendo ahora es algo que va mucho más allá de ciertas compañías, va más allá
que la industria en general [...] va más allá de revolución industrial como la conoces. Es algo que trasciende la
humanidad, es el próximo paso del universo”. Un paso con el que este excéntrico experto en inteligencia artificial lleva
años soñando, aunque a la mayoría de mortales nos aterrorice pensar que seremos insignificantes.