¿Netflix le marca el camino a los medios de comunicación tradicionales?
Del mismo modo que evoluciona la tecnología y la manera en que nos relacionamos los unos con los otros, los medios también tienen que tratar de renovarse constantemente. De hecho, una de las compañías de medios de comunicación más grande del mundo, el New York Times, parece estar abriéndose paso hacia el futuro.
Gabriel Snyder, un conocido periodista, escribió lo siguiente en el último número de Wired: ”La razón por la que las viejas compañías de medios de comunicación tienen tantos problemas para adaptarse no es porque no saben qué hacer o incluso que deben hacerlo, es que la política interna de la propia empresa es complicada de dirigir“.
Buena parte de los ingresos de este tipo de medios proviene de la impresión de publicidad. Las empresas pagan al periódico una cierta cantidad por tener derecho a publicar un anuncio en él.
Periódicos como el New York Times también siguen obteniendo buena parte de sus ingresos a través de la publicidad. Y aunque se sigue generando bastante dinero así, lo cierto es que el sector ha caído durante los últimos meses.
El NYT trató inicialmente de convencer a los lectores de suscribirse a productos separados basados en columnas de opinión, noticias diarias, crucigramas y cocina, pero cada uno de ellos se encontró con la falta de éxito deseada, dijo Snyder.
Por lo tanto, en su lugar, el conocido periódico está pensando que puede emular el modelo de suscripción Netflix, HBO o Amazon: tener una presentación mucho más acorde a los tiempos que corren para aumentar su valor. Tal y como apuntan desde Recode, el mercado digital lo llena todo y es más fácil acceder a tu dispositivo móvil que a un periódico físico.
Plataformas de contenido digital como Netflix ofrecen a sus usuarios la posibilidad de acceder a todo el contenido disponible en cualquier momento. Todos los vídeos están ordenados y clasificados según su género y pueden mostrarse dependiendo de nuestros gustos.
El espacio digital abre un mundo de posibilidades que los usuarios entienden y valoran más a la hora de pagar por él. De este modo, los suscriptores de un servicio de información concreto contarían con un abanico de opciones mucho más amplio.
Basta imaginar poder leer noticias de diferentes fuentes en un sistema similar a Netflix, personalizadas según nuestras preferencias y ordenadas por tema. Podríamos acceder a los vídeos de las últimas noticias o los reportajes que más nos interesen en cuestión de segundos.
Puede que el futuro inmediato de los medios de comunicación esté en ofrecer servicios de suscripción a sus usuarios con los que no solo ver las últimas noticias. Guardar un historial de las noticias que más nos interesan, filtrar ciertos temas o guardar la receta de comida del día en nuestra cuenta son solo algunos ejemplos.
Por supuesto, contar con un servicio de este tipo podría dar enormes beneficios a las empresas y ahorrar costes de producción.
"The Media Lab", el libro que a fines de los 80´anticipó el futuro a la perfección
Formalmente titulado ‘The Media Lab: Inventing the Future at MIT‘ (Penguin Books, 1987), es un prontuario de investigaciones, trabajos e inventos en los que el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) andaba metido a finales de los años ochenta del siglo pasado. Su autor, el escritor Stewart Brand, visitó meses antes —como científico— el Media Lab y decidió escribir esta obra para recoger todas aquellas tecnologías que el MIT apuntaba como futuribles; sorprende la exactitud de algunas predicciones.
Cuando Brand hizo aquella extensa visita al Laboratorio de Medios del MIT en 1986, su intención era recabar una ristra de ideas de lo que el futuro podría traer al mundo de la tecnología. Lo que no imaginó antes era que, mientras estaba allí, pudo observar prototipos de trabajo de las nuevas técnicas de comunicación (y entender las cuestiones prácticas que planteaban), como periódicos personalizados y noticias en vídeo, conexiones personales rápidas a Internet, globalización tecnológica e, incluso, los inicios de los Lego Mindstorms y, también, de los juegos de realidad virtual.
El libro está organizado en dos grandes partes. La primera se titula ‘The World of the Media Lab‘ y, en ella, Brand describe los principales proyectos en curso que él vio en el Media Lab durante su visita. En la segunda parte, ‘Life in Parallel‘, se encarga de relacionar algunos de esos proyectos con cuestiones globales que pueden convertirse en prominentes o preponderantes en el futuro (en su futuro). En el texto se intercalan fotos en blanco y negro de algunos de los jugadores clave del Media Lab en 1986. También hay una sección de imágenes en color de muchos de los proyectos del laboratorio.
Lo que es realmente interesante de este título hoy día, es comprobar que casi todos los proyectos que se reseñan y se predicen en él como posibilidades de éxito, se han convertido en algo común de nuestra sociedad actual. Es bien sabido que el MIT siempre ha sido puntero en cuanto a tecnología se refiere, pero también debemos apuntar que Stewart Brand, probablemente, evitó escribir en su libro sobre proyectos que no iban a ninguna parte de manera obvia.
El libro contiene, además, algunas entrevistas con figuras destacadas del laboratorio como Andy Lippman y Danny Hills. Sin embargo, hay una característica muy curiosa que muchos obvian reseñar, y es su aspecto formidable como cápsula del tiempo. Brand hace un trabajo increíblemente bueno al transportar al lector de vuelta a mediados de los años ochenta, y no sólo por medio de los indicadores tecnológicos de la época, sino también recurriendo al paisaje sociopolítico, económico y cultural del momento.
En resumen, es una joya ochentera que resultó en una carta al futuro de esa especie genial de científicos que sólo se encuentra dentro del MIT. Como el propio Stewart Brand redacta en el texto con respecto a la innovación, “una vez que una tecnología se apodera de usted, si no forma parte de la apisonadora, forma parte del camino“. Altamente esclarecedor.
Por cierto, ‘The Media Lab’ todavía se puede conseguir por ahí a un precio razonable en diversos formatos. Asimismo, también se puede descargar como archivo PDF de manera gratuita, pero no contaremos nosotros desde dónde.
Vía: Teknoplof
El creador de la Web está preocupado
La web ha cumplido ya 28 años. Corría el mes de marzo del año 1989 cuando sus creadores, Tim Berners-Lee, con la ayuda del belga Robert Cailiau, hizo su primera propuesta. La primera página web llegaría dos años más tarde, en 1991.
La evolución de la web no ha resultado indiferente para Berners-Lee, que lleva implicado en su desarrollo desde entonces y ha decidido enviar una carta con motivo de este aniversario, en la que expresa su preocupación, creciente a lo largo del último año, por tres asuntos que hay que tratar para que la web cumpla con su función.
HEMOS PERDIDO CONTROL SOBRE NUESTROS DATOS
El primer motivo de preocupación para Berners-Lee es el hecho de que hemos perdido el control de nuestra información personal. Berners-Lee apunta a que el modelo de negocios actual de muchos sitios online hace que sus usuarios le ofrezcan información personal a cambio de contenido libre y gratuito. Tal como comenta, muchos estamos de acuerdo con esto, y no nos importa que se recopile algo de nuestra información si no hay que pagar por lo que conseguimos a cambio.
Pero no somos conscientes de que cuando nuestra información se conserve en lugares patentados la perdemos de vista y perdemos los beneficios que podríamos tener con el control directo de la misma. A menudo tampoco hay forma de hacer saber a las empresas qué datos no nos gustaría compartir, ni con ellos ni con terceros, puesto que los documentos que recogen los términos de uso funcionan como un todo. Hay que aceptar todo su contenido. Si no se está de acuerdo con alguno de los términos, no queda otra que rechazarlos.
Pero la recopilación que las empresas hacen de nuestros datos online tiene otras consecuencias. Por ejemplo, que los gobiernos, gracias a su colaboración con otras empresas (o bien, a la coacción que ejercen sobre ellas), pueden observar nuestros movimientos en la red. También lo hacen mediante la aprobación de leyes en ciertos países que van en contra del derecho a la privacidad de sus ciudadanos. Esto tiene un efecto negativo en la libertad de expresión, y evita que se use la web para explorar asuntos importantes y polémicos, como la salud, la religión o la sexualidad.
LA DIFUSIÓN DE INFORMACIÓN ERRÓNEA
Berners-Lee también hace referencia a que la mayoría de internautas recurren a la web para informarse, y descubren noticias a través de redes sociales y motores de búsqueda. Hay que tener en cuenta que la mayoría de las webs gana dinero cuando se accede a sus páginas, y que los motores eligen lo que nos muestran en base a algoritmos que tienen conocimiento de nuestra información personal, tal como hemos comentado antes. Como resultado, en muchos casos las webs nos muestran contenido al que creen que accederemos en base a lo que saben de nosotros.
Esto lleva a que las noticias falsas, o los contenidos creados para que nos atraigan, se pueden expandir y extender con gran rapidez. Por lo tanto, cualquiera con los conocimientos suficientes y malas intenciones, puede engañar al sistema para difundir informaciones falsas y sacar ventaja de ello, tanto económica como política.
FALTA DE TRANSPARENCIA EN LA PUBLICIDAD POLÍTICA
Dado que la mayoría de internautas se informa a través de determinadas plataformas online, y que los algoritmos que extraen datos de la información personal recopilada por diversas empresas, las campañas políticas son cada vez más sofisticadas, y creadas de forma que sus anuncios estén hechos casi a la medida de cada internauta en función de sus opiniones.
Según apunta Berners-Lee, algunas fuentes apuntan a la existencia de hasta 50.000 variaciones de anuncios en Facebook, algo que es imposible de controlar y seguir. También hay indicios de que determinados anuncios se están utilizando de forma poco ética, para dirigir a los internautas a noticias falsas.
SOLUCIONES COMPLICADAS
Los problemas expuestos por Berners-Lee son bastante complicados, y su solución no está exenta de complejidad. No obstante, también hay soluciones, y en su carta ofrece algunas indicaciones para acabar con ello. Por ejemplo, sugiere la necesidad de trabajar de manera conjunta con las empresas que operan en Internet para dar con un equilibrio que devuelva un cierto grado de control a las personas sobre su información en la red. Para ello propone la creación de una especie de repositorios de datos personales, así como la necesidad de explorar modelos alternativos de ingresos que eliminen la recopilación de información personal para la obtención de ingresos, como las suscripciones o los micropagos.
También aboga por el rechazo general de los internautas a la información falsa, y pide que se haga presión a compañías como Google y Facebook para que se esfuercen en combatir el problema. Berners-Lee pide más transparencia en el desarrollo de algoritmos para poder entender cómo se toman ciertas decisiones, así como la elaboración de una serie de principios comunes a seguir para evitar los problemas mencionados.
El inventor de la web manifiesta que la Fundación Web, de la que forma parte, trabajará en para la solución a estos y otros problemas, recogidos en su estrategia de trabajo para los próximos cinco años. Para ello se concentrarán en investigar los problemas al detalle, a la elaboración de soluciones de políticas proactivas y a llegar a acuerdos y formar coaliciones para avanzar hacia una web que ofrezca igualdad de oportunidades y poder a todos. Además, apela a los internautas para que apoyen el trabajo de la fundación.