En búsqueda del cifrado impenetrable: la computación cuántica
La computación cuántica parece ser, junto con inteligencia artificial, una de las apuestas en tecnología más populares por estos días. Google, la NASA, la CIA, la Agencia Espacial Europea, la de China, los gobiernos de Rusia, Canadá y Australia: todos están invirtiendo fuertemente en desarrollar computadores cuánticos. ¿Por qué tanto alboroto?
Porque la computación, tal y como la conocemos, se está comenzando a aproximar a sus límites físicos por cuenta de la reducción en el tamaño de los microprocesadores: cada vez son más pequeños y más poderosos. Esta relación es conocida popularmente como la Ley de Moore.
Uno de los obstáculos con los que se han encontrado los investigadores es que, a la escala en la que se trabaja actualmente, los conductores de la corriente en el procesador comenzaron a mostrar resistencia a ésta. Y este es un asunto mayor porque sin este tipo de transmisión eléctrica simplemente no hay procesamiento alguno.
Y aquí entra la computación cuántica, que descansa sobre teorías que podrían incrementar drásticamente el poder de procesamiento de una máquina.
En un computador clásico, por llamarlo de alguna forma, la información se procesa en bits, que toman uno de dos estados, 0 o 1, en binario. En una máquina cuántica, los bits cuánticos, qubits, pueden tomar más de una posición al tiempo y no estarían limitados a ser ceros o unos, sino que podrían ser ambos al mismo tiempo.
Este fenómeno se conoce como superposición y podría, al menos teóricamente, incrementar la capacidad de procesamiento de manera drástica, lo que a su vez le daría un respiro a todo el modelo de Ley de Moore.
Además de la computación cuántica, otros esfuerzos para superar el cuello de botella de la Ley de Moore tienen que ver con el rediseño del procesador como tal. Por ejemplo, el brazo de investigación de IBM probó un microprocesador en el que los conductos que transportan la corriente tienen apenas siete nanómetros de ancho; actualmente esta medida es de 14, aunque a nivel industrial se está trabajando en la fabricación de chips con 10 nanómetros. Se calcula que un cabello humano tiene entre 80.000 y 100.000 nanómetros de ancho.
¿Qué significa esto? Que entre más angostos son estos canales de conducción eléctrica, más transistores caben en un procesador y, así, hay más poder de computación disponible; el transistor es la unidad básica en un micrpochip. Siguiendo la Ley de Moore, en 1975 un microchip podía albergar 65 mil transistores y en 1985 ya contaba con 16 millones de éstos. El prototipo de IBM podría incluir 20 mil millones.
Pero también puede tener implicaciones colaterales que no son deseables, paradójicamente, para la misma computación. En el campo de ciberseguridad podría significar que máquinas más poderosas pueden romper más fácilmente los protocolos de cifrado que hoy protegen la información personal de millones de personas, así como las transacciones de las cuales depende el sistema financiero mundial, entre otros sistemas críticos.
La respuesta ante este desafío parece residir en la misma mecánica cuántica, pero esta vez en otro fenómeno conocido como entrelazamiento y que, en pocas palabras, es la posibilidad de que dos partículas subatómicas tengan el mismo estado, sin importar la distancia que las separa.
Es algo así como si una partícula fuera gemela de la otra, sin importar la posición en el espacio que ocupen, si están cerca o lejos. Lo que le pasa a la una afecta directamente a la otra.
Esto quiere decir que en una transmisión de información, la alteración de una partícula inmediatamente lo haría con la otra, lo que delataría un ataque o una intromisión no deseada. O sea, intervenir comunicaciones sería técnicamente imposible de emplearse esta técnica.
En el mundo después de Edward Snowden la seguridad de la información es un activo con una importancia superior, por lo que el desarrollo de un cifrado inquebrantable se convertiría en una especie de santo grial en el tema.
"Mi Primera Empresa", fruto de alianza entre el BBVA y Fundación Proydesa, en el diario La Nueva Provincia
Días atrás fueron premiados tres alumnos del Instituto La Piedad, ganadores del programa “Mi primera empresa” organizado por una entidad bancaria con sede en nuestra ciudad. Gonzalo Mariani, Joaquín Rosendo y Lucas Russo, del nivel secundario, se hicieron con el premio de 10.000 pesos tras haber sido seleccionada su propuesta, orientada a la construcción de casas biosustentables mantenidas por energías renovables.
“Mi primera empresa” nació en el marco del 10º aniversario del programa “Educación Financiera” del banco, y en alianza con la Fundación Proydesa, con el fin de brindar conocimientos sobre educación financiera a través del diseño de un emprendimiento propio a alumnos de los dos últimos años del nivel secundario.
El objetivo del proyecto fue desarrollar habilidades para proyectar la primera empresa. El programa constó de un taller online, donde aprendieron los contenidospara armar un plan de negocios, y de un concurso en el que se premió la mejorpropuesta.
Las instituciones participantes fueron el Centro Educativo Padre José María Llorens de Mendoza, el Colegio Mano Amiga de Buenos Aires y el Instituto Monseñor de Andrea de Córdoba, además de La Piedad.
La elección de los ganadores fue realizada por un jurado compuesto por un miembro de la Fundación Proydesa, un miembro de la entidad bancaria y un directivo de cada una de las cuatro instituciones educativas mencionadas.
Fuchsia: así prepara Google su sistema operativo para Internet de las Cosas
Un sistema operativo desde cero, pensado desde la base para ser el programa sobre el que funcionen los aparatos que están por venir. Esa es la premisa de Google para su programa más ambicioso. El buscador, oficialmente, dice que siempre están explorando software y pensando a lo grande, una máxima de Silicon Valley. La realidad es que el proyecto Fuchsia, como se llama en clave, pero muy probablemente ese no sea el nombre comercial, están dando sus primeros pasos.
Durante la pasada conferencia de desarrolladores confirmaron que sus Chromebooks, ordenadores que usan el navegador Chrome como único programa para todas las aplicaciones, serían compatibles con algunas de las aplicaciones de Android. Ese fue el segundo indicio de su plan de convergencia.
El tercero ya ha salido a la luz en forma de repositorio propio, un almacén de código abierto y colaborativo, y también en GitHub, una de las páginas más populares para que los programadores trabajen en equipo. Google pretende así que comiencen a explorar sus posibilidades y aportar soluciones. Uno de los aspectos que más ha llamado la atención es que no usa Linux como base, como sí sucedió con Chrome y Android. Dos desarrolladores muy activos en esta página con aportaciones relevantes son Christopher Anderson y Brian Swetland, expertos en sistemas integrados dentro de Google.
Google, que lleva tiempo intentando conquistar el hogar, hizo un intento con Nexus Q en 2012. Desde comienzos de año se comenta la posibilidad de que estén preparando un software para un aparato similar, que sirva de consola de control de los diferentes complementos del hogar. Anderson, precisamente, estuvo al frente de este cacharro fallido.
Nest, una de las divisiones de Alphabet, comprada tras el éxito de sus termostatos inteligentes, está centrada en este aspecto. Por lo que encaja que se dé una solución integral en lugar de un parche temporal.
La complejidad y posibilidades de Fuchsia son tantas que varios programadores ven que también tendría sentido que sea la opción escogida por Google para sus gafas de realidad virtual. De momento ya funciona en un portátil de Acer. El siguiente reto es que sea capaz de mover una Raspberry Pi 3, uno de los ordenadores más baratos y extendidos en el mundo educativo. A partir de ahí, dado el carácter abierto del código y el entusiasmo con que se ha acogido, Google tendrá que explicar públicamente su finalidad para no perder el control del mismo.